Música: Ramón Ayala, el clásico del Litoral

Ramón Ayala, un creador único Foto: Sara EchezarretaRamón Ayala es el autor de las canciones que más suenan en el litoral, y también fuera de él. Su música ya forma parte de los standards del folklore argentino.
Muchos conocen y tararean "Cosechero", "El Mensú", "Mi pequeño amor". Algunos las tienen en la memoria sin saber de dónde.


En mayo de 2014 se estrenó "Ramón Ayala, La película", dirigida por Marcos López, quien valoriza tanto la obra del artista como los hechos simples que construyen su mágico estado de conciencia.
En ese mismo año grabó "Cosechero" acompañado por los hermanos Núñez, disco que le valió el premio Gardel de 2014.


Pero este prócer misionero es un afortunado por otras razones que no son particularmente el éxito y el reconocimiento. Su fortuna reside en su capacidad para apreciar. Con su presencia llena el ambiente de música y poesía.
Todo le da pie para cantar algunas estrofas, o contar una anécdota colorida.
Siendo una leyenda viviente del folklore argentino, es un alma joven.

Reparte su hogar entre Misiones y Buenos Aires junto a María Teresa, su mujer."Estoy en mi mejor momento" es su primera frase. Y sigue. "Hay satisfacciones que te da la vida, producto de un seguimiento, de un desarrollo interior. Yo siempre anduve muy bien con la poesía, muy bien con la guitarra, con la música, porque tengo reservas melódicas y rítmicas dentro mío, pero siempre anduve mal con mi voz. Porque nunca estuve conforme con ella. No entendía el mecanismo, aun habiendo tenido varios profesores. Pero ahora, a esta altura de mi vida, he descubierto el canal de la voz que es el diafragma. La voz apoyada en la columna de aire en el diafragma y catapultada. Y yo le decía recién a Maria Teresa, conversando, qué lindo es sentirse dueño de su voz. Te da una seguridad interior". 

-La escena de la película en la que aparece tomando clases de canto, entonces ¿es real?
-Si, exactamente. ¡Estoy tomando clases con esos maestros! Siempre se aprende. Yo no había encontrado técnicamente la forma de sacar la voz, y que parezca tan natural. Y ahora lo he logrado y da una inmensa satisfacción porque te da una seguridad total. Te cambia hasta la forma de ser. Y recién lo siento desde hace dos años. ¡Fíjate vos todos los años que han pasado!


Ayala está en permanente actividad, en algún escenario de la Capital o el interior del país, llevando la identidad litoraleña a su paso. Alrededor del año 1957 decidió crear un ritmo propio para su tierra, Misiones. Y así nació el Gualambao, un ritmo de 12 x 8 que hoy forma parte del folklore misionero. Las letras de sus canciones hablan de su provincia natal, que tiene fuertes raíces guaraníes, una particular geografía selvática de caminos de tierra colorada y su gente. El Mensú -una de sus canciónes más emblemáticas- describe al trabajador cosechero de la yerba mate, su sacrificio y su dignidad.



Artista inevitable

"Es muy gratificante ver que lo que uno construyó a lo largo de toda su vida, toma forma. De pronto todo encaja y cobra sentido el trabajo de años."

- ¿Alguna vez dudó en seguir adelante con la vida de músico?
- Nunca decidí ser artista, simplemente no pude evitarlo.

En sus conciertos siempre aparece el humor. Sus cómicos preferidos son Cantinflas, Sandrini, Chaplin y Groucho Marx, a quien además considera un filósofo.

En Posadas, su ciudad natal, hay un monumento en su honor. Al preguntarle qué siente al verse representado en el bronce, bromea con que las palomas le faltan el respeto.

"No me interesa la perfección, busco en cambio la excelencia", sentencia el autor de los clásicos de la música litoraleña.

"Estamos formando parte de un momento muy importante de la música argentina. Hay músicos jóvenes muy talentosos que ya son parte de esta revalorización."
Se refiere a Iván Elizaincin, a quien describe como un guitarrista formidable, Damian Lemes, los Núñez y Cecilia Pahl con quienes toca frecuentemente.


Ramón Ayala escritor
Confiesa que lo tiene capturado un libro que quiere publicar, que cuenta la guerra de la Triple Alianza. "Es bueno dejar madurar la obra el tiempo que haga falta. No apurarla". Reflexiona acerca de las ventajas que ofrece expresarse en diversos lenguajes del arte. "Yo no necesito salir a publicar un libro antes de tiempo, porque mientras estoy con la música, la pintura, y eso me permite darle a cada cosa su tiempo de maduración".

Confesiones a partir de una casa asombrada es otro de sus libros y al comentarlo se transporta a su infancia:
-Cuando tenía 7 años, siendo el mayor de 6 hermanos, nos mudamos a vivir a una casa con fantasmas.
La casa tenía ruidos misteriosos, sucedían cosas sin explicación aparente. Y cuando fuimos a vivir allí, la persona que nos entregó la casa le dijo a mi madre: Mira María, no le hagas caso, esta casa tiene su carácter, es como una persona. Y así era. Por más duende que tuviera, la queríamos.
Todo ese clima contribuía a formar en nosotros un estado latente de estar casi tocando el misterio. Lo inasible, no podías solucionar nada.


Imagen parcial de una de las pinturas de Ramón AyalaRamón Ayala pintor
En el piso superior de la casa tiene un atelier adonde despliega una cantidad enorme de cuadros. Selva, agua, bruma, rostros guaraníes representados en modo naive. Otra forma de expresar su total conexión con los sentidos.

En un momento de la charla, juega a imaginar una sola música y una sola lectura para llevar a una isla desierta, y no tiene dudas en que solo escucharía a Debussy y solo leería a Spinoza.
-Debussy es el quiebre fundamental en la historia de la música. Es el que inventó todo. Y Spinoza habló de cosas que nadie en su época estaba capacitado para escuchar. Y por eso casi lo matan. Él vé a Dios en la perfección de la naturaleza.


María Teresa, su mujer, hace sonar una grabación del Claro de Luna. Nacida en Paraguay, hechicera según la descripción del Mensú y mucho mas jóven que él, cuando habla de la escena final de la película que dirigió Marcos López, se emociona y se le humedecen los ojos. Ella también disfruta de esta capacidad de hacer simple lo profundo.


Don Ramón Ayala habla de los sentimientos, y dice que la emoción lo hace llorar, la tristeza no.

¿Y qué lo emociona?

La inocencia, la belleza. "Los ojos de las ballenas que no sospechan de la maldad del hombre, y pensar que hay gente que mata..."
Dice ser prejuicioso con la chantada y la soberbia propia de la ignorancia.


Durante la conversación, espontáneamente recita poemas suyos:

"Hablas del amor eterno, y estamos hechos como la flor: para durar sólo un momento. No hables. Quédate en silencio. Hagamos como el tiempo, que sin decir una palabra, orquesta el universo. Hablas del amor eterno, y estamos hechos como la flor: para durar sólo un momento."

"Un día, sólo un día de la vida que pasa por tu ser, con voz de siglos. Un día que se viste de infinito, para traerte el poder y la energía. Vívelo como si fuera el último. Su breve eternidad. Su voz de tiempo. Arranca de tu ser el sentimiento para hacerlo tuyo. Para sentirte vivo. Un día. Sólo un día de la vida que baja hacia tu ser, del infinito."

La biblioteca, caótica, deja ver una vida intensa, de búsqueda constante. Entre los libros hay todo tipo de objetos, retratos. Un marco contiene una foto del Che Guevara.
"Estuvimos juntos en Cuba. y sabés una cosa? Me contó que cantaba el Mensú en la selva".

El artista quita la funda a su guitarra accediendo a los pedidos de los presentes. Mi pequeño amor llena el espacio. La entrevista está llegando a su fin. Todo lo conversado, de repente, se explicita en forma de música y poesía que brota naturalmente de este prolífico artista.


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