Música: Gismonti - Fattoruso, las venas abiertas de América Latina

 

EGBERTO GISMONTI Foto: Edy Rodríguez

Egberto Gismonti - Hugo Fattoruso.

"Las venas abiertas de América Latina".

 

Tercera noche del Mestiza Música Festival. Teatro Coliseo, Bs.As. 24-04-15

 

 

 

 

 

HUGO FATTORUSO Foto: Edy RodríguezLa Libertad

Así llamó tiempo atrás Fito Páez a Hugo Fattoruso en el plano musical, luego de compartir un recital. Nada más apropiado.

La remanida frase "la música no tiene fronteras" cobró vida una vez más. La noche del Viernes 24 de Abril la tercer y penúltima jornada del Mestiza Música Festival tuvo como protagonistas a Hugo Fattoruso de Uruguay, él sólo con su gran piano de cola "Steinway & Sons" conduciendo su talento por diversos paisajes, candombe incluido, no podía faltar tratándose del Fatto.

El programa también sumaba al trío del argentino Carlos Aguirre, y cerrando la noche, el enorme talento del brasileño Egberto Gismonti.

 

Composiciones propias de Fattoruso, más un par de otros notables charrúas como Eduardo Mateo interpretando "La Casa Grande"; y el negro Rubén Rada, inauguraron la tercer noche de este festival que enlazó a músicos de Argentina, Brasil y Uruguay con lo mejor del cono sur de América Latina.

 

Algunas perlitas que desgranó Fattoruso entre blancas y negras fueron apenas susurradas como suele hacer él, dejando ya sí el canto para el final con su candombe.

De remera a rayas y pantalón de cuero negro, este joven de vigorosos 71 años inició su concierto con "Mi prima Mabel" de intrincados acentos pianísticos para continuar con "Milonga de la Luna" donde despliega diversos estados de ánimo, incluyendo sonrisas cómplices hacia juegos etéreos.

"Vivir contento" seguido de "Tu alegre paso" y la ya mencionada versión de "La Casa Grande" de Eduardo Mateo fueron las composiciones que siguieron en esta inspirada noche de Fattoruso en la cual el toque jazzístico que lo caracteriza siempre está presente, incluyendo además en su obra, ciertos paisajes abstractos con ritmos de lo más variados pero que magistralmente hilvana a sabiendas que hay un público heterogéneo a sus pies.

Para cerrar su set no podía dejar de tocar y cantar un candombe, eso que todo buen uruguayo lleva adentro como un "repique de tambor". Ovación generalizada.

Excelente performance la de Hugo Fattoruso. Un lujo.

 

Al maestro con cariño: Carlos Aguirre Trío

Carlos Aguirre Foto: Edy RodríguezA continuación fue el turno del muy buen pianista argentino Carlos Aguirre con su Trío, junto a Fernando Silva en contrabajo de destacada labor y Luciano Cuviello en batería. El Negro Carlos Aguirre (entrerriano) pianista, compositor y arreglador viene desarrollando una carrera de mas de 30 años en la música argentina. En este nuevo proyecto con formato de trío inaugurado a fines de 2013, el repertorio elegido fueron composiciones propias, desprendiéndose un tanto ya de la raíz folklórica para mixturar sonoridades ciertamente muy particulares donde el piano y el contrabajo toman protagonismo como si uno fuera una continuación del otro con ciertos aires de jazz, de fusión (jazz-rock) y hasta de algunas reminiscencias brasileñas. 

 

Así desfilaron temas como "Hiroshi" en primer lugar, para luego seguir con "Kalimba" y mas adelante "Dentro mío" fue la terna de temas con las que CarlosAguirre presentó sus composiciones en trío donde se alcanza a divisar claramente en sus melodías, cierta influencia justamente de Egberto Gismonti y de Hugo Fattoruso, como un guiño hacia los maestros presentes y que él esa noche tuvo la suerte de enlazar a estos dos enormes talentos de América Latina, ya que para cerrar su set invitó a cantar un tema a Hugo Fattoruso y hacia el final del concierto de Egberto Gismonti, fue invitado por éste junto a su trío para tocar juntos y así cerrar la noche.

Antes de eso, para el cuarto tema del trío, Aguirre invitó a sumarse al flautista Juampi Di Leone y en el quinto y último tema, al ya cuarteto llamó a sumarse a Fattoruso, munido de su melódica en mano invitándolo para que cante su tema "Brisas" como un homenaje y reconocimiento al maestro quien, aparte de cantar, mantuvo un interesante contrapunto entre su melódica y la flauta traversa de Di Leone.

Melodías sencillas pero realmente emotivas creando atmósferas particulares y facturadas de muy buen gusto bajo la dirección y los arreglos del piano de Carlos Aguirre.

 

Academia de Danzas y de Músicas

De punta en blanco (en realidad era distintas tonalidades de grises ocre), y tras una ovación de bienvenida de todo el teatro, casi a las once de la noche hizo su aparición una vez mas en escenarios porteños este maravilloso ser, este genio de la música Egberto Gismonti.

 

Música sin fronteras, música del mundo, aunque la música brasilera no podía estar ausente de su repertorio, fue lo que nos regaló y con lo que nos deleitó Gismonti solo con sus guitarras y violones de 10 y 12 cuerdas (utilizó tres con distintas afinaciones) en su primera parte, para cerrar luego sentado al gran piano de cola durante casi hora y media; iniciando su concierto con unas breves palabras.

Primero dijo al público que estaba entre amigos, para agradecer el apoyo a su música, la música brasilera, la música de América latina y cerrar su breve alocución diciendo "Esta noche no voy a hablar mas. Voy a hacer música".

 

Egberto Gismonti, nacido en Carmo, Rio de Janeiro, 67 años, llenó la sala de una musicalidad exquisita, con un nivel de altísimo vuelo.

Por momentos al cerrar los ojos parecía que hubieran tres guitarristas tocando en el escenario, uno haciendo sonar las bordonas graves del violón tipo Jack Bruce, otro haciendo la guitarra rítmica a lo Richie Havens, y un tercero soleando por encima de los otros dos al estilo de Sir John McLaughlin.

 

Genialidad absoluta recurriendo a temas ya interpretados innumerables veces en Buenos Aires pero siempre diferentes, como "Alegrinho", o "Mestizo e Caboclo"; "Danza dos Escravos", "Saudacoes" y "Bianca" por solo citar un puñado de exquisitas composiciones de su autoría con las que deleitó a una audiencia fascinada por la belleza de su música, de la que el propio Gismonti pareció disfrutar de pé a pá a lo largo de su concierto.

 

En otro tramo de la noche se disculpó ante el público por no presentar cada tema, queriendo significar que si bien sus composiciones son las mismas de siempre, también pueden ser otras y novedosas, de acuerdo a la interpretación de cada uno.

"Los títulos de cada tema, pongan los que quieran, no hay problema", provocando la risa de la audiencia y taxativamente alegando que sus obras pueden ser una única composición que transmite una música original e irremplazable.

Gismonti despliega una maestría insuperable en el arte de tocar la guitarra acústica, violón incluido; es magistral su virtuosismo sobre el instrumento de 10 y 12 cuerdas con diversas afinaciones, en los tres que fue cambiando en el primer tramo de su concierto, los cuales hizo sonar además como berimbau, un sitar o cítara, tambores africanos o pandeiros cariocas. Condimentos y genialidades que caracterizan a este gran artista.

 

Enorme creador de polirritmias intrincadas, de recorridos insólitos y sorpresivos vericuetos  que van desde breves pasajes de un samba carioca a paisajes frenéticos llenos de escalas pentatónicas, pues quizás en una misma composición puede presentar todas las posibles variedades de un motivo y color musical, los despliega y los aglutina en su particular forma de hacerlo para nada ortodoxa.

Al menos en su forma externa, auditivamente el artista explora mundos desconocidos, desconcertantes para el oyente, sonidos y melodías nuevas donde sólo él puede marcar el camino y los demás seguirlo.

Ya en el segundo y último tramo de su concierto, se sentó al gran piano de cola y a diferencia de otros recitales donde abordaba las blancas y negras para interpretar temas más ligados a la raíz de la Madre Tierra, o lo etéreo y delicado al borde de los silencios, Gismonti siguió apostando por la melodía a grandes escalas, fascinándonos con segmentos de lo mejor de la música popular brasilera, como el choro, el frevo, el baião o el maracatú, del jazz (desde el bebop al jazz experimental), de la música indígena y del impresionismo bossa nova, el forró, el Jazz, la música académica, etc. etc.  Un deleite para los oídos, llenando la noche porteña de la más bella música, esa que no tiene fronteras justamente porque es universal.

 

Como broche y como si fuera su "bis" invitó al trío de Carlos Aguirre para juntos a dos pianos improvisar alguna otra música que sacaron de la galera y dieron forma final a una noche mágica y exquisita con lo mejor del Cono Sur sonando en un teatro de Buenos Airess y poniendo el cierre a esta tercer jornada del Mestiza Música Festival.

 

Gracias a la música; gracias a estos genios que pudimos disfrutar esta maravillosa noche.

 

 


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